DE CUANDO ME ENAMORÉ DE LAS BODAS Y YA NO PUDE DEJARLO

He caminado dos veces hacia el altar;

Mi primera vez, muy tímida, nerviosa y fascinada con toda la elegancia que veía a mí alrededor.

Mi segunda vez, muy venida arriba, exultante y agradecida con toda la felicidad que recibía a mí alrededor.

En la primera, me enamoré de las bodas desde mi mirada de niña, como niña de las arras y en la segunda desde mi mirada de mujer, como novia.

Y entre una mirada y otra, cientos de bodas como invitada y todas ellas, épicas  y memorables.

Y es que esa primera vez, me enganché a todo lo que conlleva una boda; la complicidad de los novios, la elegancia de los invitados, el ambiente festivo, los besos de felicidad, el momento banquete y tarta nupcial, las lágrimas de alegría, el bailoteo, las risas, sonrisas y carcajadas, el pasarlo bien hasta que te duelan los pies y el recordar todas las anécdotas, mucho tiempo después.

Por eso, cada vez que soy invitada a una boda digo ¡Sí, quiero! Porque soy una apasionada de las bodas, muy disfrutona de todo lo que las rodea y muy entregada desde mucho antes del día de la boda.

Me encanta recibir la noticia y la invitación. Una aventura que comienza con un ¡Felicidades! y un abrazo que surge del alma, nunca puede salir mal.

Lo primero que hago es reservarme esa fecha en el calendario y bloquearme el fin de semana completo. Si además me tengo que desplazar, me lo tomo como unas mini vacaciones que ya tengo aseguradas.

Después, está la búsqueda del outfit. Personalmente, siempre he pensado que los invitados deben de ir guapos a las bodas; es el granito de arena que puedes aportar para que ese día sea bello en su conjunto y es una señal de agradecimiento y respeto hacia los novios que han preparado, con tanto detalle y mimo, todos los aspectos de su boda.

Ellos se han trabajado su boda y como tal, yo me trabajo mi atuendo. Disfruto visitando boutiques conocidas y descubriendo nuevas direcciones, hasta encontrar el vestido perfecto para cada ocasión. Pienso primero en cómo son los novios, en sus estilos, en qué tipo de boda van a hacer, en donde se celebra, que carácter quieren darle y a todo eso, le sumo mi personalidad. Esta fórmula siempre me ha funcionado para ir siempre perfecta. A fin de cuentas, es mi tributo a su fiesta.

Mención especial para mi cabeza. Es la ocasión perfecta para ponerse el mundo por montera y la visto con tanto mimo y esmero como al resto del cuerpo. El momento tocado es una fantasía y es que no hay mejor ocasión que una boda, para poder llevar una preciosa pamela, diadema, aplique, lazo, canotier, turbante, casquete. Lo que me pida el cuerpo en ese momento y es que siempre me pide algo, en realidad.

Me gusta ver, especialmente, el proceso por el que van pasando las novias. La emoción, los secretos que se guardan pero que no se aguantan en contar, compartir confidencias con las más cercanas, ayudarlas cuando no encuentran esa pieza clave para que todo tenga sentido o en ocasiones sacarlas de ese bucle en el que se puede convertir la espera, celebrar con ellas la despedida de una etapa y sobre todo la bienvenida de otra.

Hasta que poco a poco, va llegando la fecha señalada y entonces empieza la fiesta. El irte un día antes de la boda, te da la oportunidad de ir calentando motores porque, reconozcámoslo, siempre hay una pre-boda ya sea oficial o no oficial pero unas cañas el día de antes, caen siempre. Esto te permite ir reconociendo el terreno, conocer al primo de la novia del que tanto habla, a las amigas de la infancia que le tienen preparado “algo” que no te puedes perder en la iglesia, a felicitar a los padres en su estado natural y que te adviertan mil veces “bueno, hoy pronto a casa que mañana va a ser un día largo”, a reunirte con tus amigos y saber que mañana se va a liar una buena fiesta y a mandar a casa a los novios que aunque se resisten, saben que se levantan a las 8.00h para empezar a prepararse. Y es que las pre-bodas, sean oficiales o no, siempre son peligrosas si no se controlan.

Y cuando llega el día, ¡ay cuando llega el día! Siempre, siempre, siempre entro en la Iglesia / Ayuntamiento / Registro / donde se celebre. No me perdería ese momento por nada del mundo. Para mí el más emotivo de una boda, siempre.

La cara del novio al llegar, casi siempre muy concentrado.

La cara de la novia al llegar, casi siempre muy emocionada.

La cara de los dos cuando se ven el uno al otro, siempre una mirada muy irrepetible.

Y lo que sucede a partir de aquí, lo mejor. Abrazos, risas, bailes, carcajadas, fotos, canticos desafinados, bailes afinados, corrillos de amigos y nuevos amigos, atardeceres, anocheceres y amaneceres, vivencias, experiencias e historias épicas.

La verdad, no recuerdo la fecha de cada boda a la que he ido, pero recuerdo cada momento épico que viví en ellas y eso al final es lo que queda y perdura.

He estado en bodas nacionales e internacionales, grandes, pequeñas y muy pequeñas, secretas, temáticas, regionales, tradicionales, nada convencionales, de mañana, de tarde, de noche y de varios días seguidos y tengo la grandísima suerte de que todas las bodas a las que he asistido, han sido aquellas en las que me apetecía estar y eso es porque siempre han sido de familia y de grandes amigos. Eso ya te sitúa, en nivel de disfrute máximo.

Si además le sumo mi pasión por las bodas, comprenderéis que estoy profundamente enganchada a ellas.

Así fue, que el día que andaba yo pensando a que me iba a dedicar en mi próxima etapa profesional, empezaron a flotar de mi subconsciente mis pasiones, mis habilidades, mis deseos y capacidades y surgió, de forma muy natural, dedicarme al mundo de los eventos sociales.

Y surgió MIMOSA y se hizo realidad y decidí dedicar toda esa pasión, conocimiento y experiencia profesional del mundo eventos corporativos a ayudar a las parejas que no saben por dónde empezar a organizar, coordinar o planear el día más especial de sus vidas.

Porque solo se vive una vez y hay que celebrarlo por todo lo alto.

Así que sí, lo confieso, estoy IN LOVE con las bodas y ya no puedo dejarlo.

2 Comments

  1. Alejandro Barrios Alvarez

    Maravillosa descripción de lo que para ti es ese acto tan bonito y al que te quieres dedicar y demostrar al mundo todo lo que vales, porque SI hermanita, vales mucho muchísimo.
    Me ha conmovido tu web.

    Te quiero
    Tu hermano pequeño y mayor admirador

    1. Africa

      Desde pequeñitos hemos tenido la gran suerte de disfrutar de una gran libertad en nuestras decisiones en todos los ámbitos de nuestra vida. «Haz lo que quieras, pero hazlo bien. Disfruta con ello, pon el alma y serás el mejor» todavía nos dice mamá. Estoy firmemente decidida a disfrutar de esta etapa y poner mucha mucha alma. Gracias por estar ahí apoyando como siempre!.
      Todo lo vivido hasta ahora, me ha llevado hasta aquí. Hemos crecido rodeados de mucho amor, del gran ejemplo de esfuerzo de nuestra madre y ver la pasión que ponía siempre en su trabajo, de jornadas eternas pero sonrisas permanentes. También hemos crecido rodeados de una gran familia con perfiles muy diferentes, es lo mágico de ser tantos!!!. De saber que la vida va de buenos momentos y también de malos y que todo es «celebrable» aunque parezca que no toca, pero si se hace de corazón es lo único que importa. Que casi siempre una buena reunión y una gran celebración, lo cura casi todo. Que los pequeños detalles son los que marcan las grandes diferencias y que al final del día, estando con los tuyos, contando las gracias de cuendo eras pequeño, reviviendo los buenos momentos de la infancia, con la nostalgia bien entendida y con pedactos de aquí y de allá, te conviertes en alguien que está en constante evolución. Somos muchas personas en uno mismo y hay que dejar que salgan los mejores «tú». Te quiero.

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